En el café, como siempre, Paulus
bebía con lentitud observando la puerta deentrada, haciendo creer a los camareros quese encontraba en eterna espera de alguien quepuntual, o impultualmente, nunca llegaba.
En esto estaba, cuando de pronto entró
una mujer que lo conmocionó tanto, que no pudo
ni quiso quitarle los ojos de encima. Sintió
sin duda alguna conocerla de toda esta viday de todas las otras. Intentó pensar en algunaartimañana ingeniosa para acercársele; pero víctima
de los nervios...
Ya sé -Pensó-, inventaré un nombre y le diré:
¿Es usted...?Con las manos en los bolsillos para verse más
seguro y ocultar el sudor y temblor, Paulusse acercó.-Disculpe, es usted Mary Bowles, ¿Verdad?
-Sí, soy yo, pero y ¿usted quién es?
Cuento de Gina Hasbún
Por cierto, el próximo mes voy a ver a Cat Power, estoy muy feliz. Ojalá no hayan problemas porcinos.

